PROBLEMAS DE COMPORTAMIENTO.
NORMAS Y LÍMITES
DEFINIENDO CONCEPTOS
Un problema de comportamiento surge cuando un niño no se comporta como los adultos esperamos que lo haga en ese momento. Ese mismo comportamiento puede considerarse normal en otro contexto o en otro momento, o para otro padre o madre diferente. En estos problemas lo que ocurre es que entra en contradicción lo que el niño desea hacer con lo que nosotros, los adultos, deseamos que haga porque consideramos que es lo correcto, ésta sería la norma, es decir, el criterio que indica a una persona qué, como y cuando debe realizar una acción o tarea. A esa norma subyace siempre un límite o expectativa adulta acerca de lo que estamos dispuestos a tolerar.
¿POR QUÉ DEBEMOS EDUCAR EL COMPORTAMIENTO A TRAVÉS DE NORMAS?
Cuando hablamos de educar en normas, debemos tener presente que estamos participando en la construcción de los valores de nuestros hijos, del modelo de persona que queremos que sean y para ello es importante siempre ofrecer un marco familiar afectivo donde la familia pueda expresarse libremente, sin coacciones ni métodos punitivos que impidan su adecuado desarrollo.
Las normas son fundamentales en la educación y en el desarrollo de la personalidad, debido a que proporcionan seguridad y protección a los niños, les ayudan a regular y controlar las emociones y la conducta, les enseñan modos de comportamiento adecuados, crean referentes y valores sobre lo que es y es no apropiado y por último, son fundamentales para la vida adulta.
Al hablar de normas, debemos distinguir tipos de normas, por su trascendencia en el desarrollo moral de las personas así como para el buen funcionamiento de la convivencia. Cada familia establece su jerarquía y modos de convivencia que deben ser coherentes y respetados por todos los miembros. Por ello, distinguimos tres tipos de normas:
- Fundamentales: Son muy pocas, extremadamente claras, de cumplimiento obligado, invariables e innegociables. Ejemplo: valores como el respeto, la verdad, la escucha, etc
- Importantes: son poco numerosas y muy claras, pero son más flexibles en función de las circunstancias. Su cumplimiento debe ser inevitable pero algunos aspectos pueden variarse. Ejemplo: hacer sus deberes, la hora de acostarse…
- Accesorias: Regulan los aspectos circunstanciales de la vida doméstica. Pueden relativizarse sin afectar gravemente al funcionamiento familiar. Ejemplo: ordenar su cuarto, hacerse la mochila, poner la mesa, colaborar en casa…
En cuanto al establecimiento de las normas, éstas deben ser:
- Realistas: Deben ser posibles de cumplir, y también sus consecuencias.
- Claras: Deben ser entendidas para ser cumplidas. A veces hay que hacer un gran esfuerzo para que los niños las comprendan. Debemos ser comprensivos.
- Consistentes: Debe estar clara la importancia que se le da y hacer qué el niño también la comprenda y la comparta.
- Coherentes: Las normas han de ser coherentes entre sí, pues de lo contrario será difícil llevarlas a cabo.
¿CÓMO ACTUAR?
Pues bien, ante todo, es adecuado prevenir los problemas de comportamiento en los niños, es decir, actuar antes de que se produzcan. Para ello, deberemos preguntarnos algunas cuestiones:
- ¿Es verdaderamente tan importante o tan grave lo que hace para entrar ahora en una batalla? A veces los adultos somos demasiado estrictos y ponemos demasiadas normas. Esto no es posible de cumplir ni adecuado para el desarrollo de los niños.
- ¿Aquello que hace “son cosas de niños”? En ocasiones somos poco tolerantes con los comportamientos infantiles, queremos que los niños se comporten como adultos y esto no es posible. Los niños gritan, corren, se mueven, prefieren siempre jugar, intentan explorarlo y tocarlo todo. Estos son comportamientos normales. No podemos pretender que estén quietos, callados y sin tocar nada mucho tiempo. Quizá deberemos plantearnos a qué lugares les llevamos y si resultan aburridos o poco adecuados para ellos.
Si bien ya hemos tenido en cuenta las reflexiones anteriores y surge un problema de comportamiento, sería conveniente actuar acorde a los siguientes criterios:
1. Debemos actuar siempre con comprensión, intentando entender por qué nuestro hijo se comporta de esa manera, desarrollando la empatía. Aquí podemos incluso hacerle ver que le comprendemos, con frases del tipo: “Es normal que no quieras comer la verdura y prefieras patatas fritas, están más buenas” o “ Entiendo que no quieras ir al baño ahora, te lo estás pasando muy bien jugando”.
2. Al educar en la norma que consideramos importante, tendremos que explicar qué es lo que debe hacer y por qué debe hacerlo: “Ya sabes que todos los días nos bañamos porque llegamos sucios del colegio” o “Sabes que además de patatas necesitamos también comer verdura para crecer sanos”. Cuando un niño entiende el motivo de una norma como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a cumplirla. Entendiendo la razón, los niños pueden desarrollar valores internos de conducta o comportamiento y crear su propia conciencia moral.
3. Es importante abandonar expresiones ambiguas o poco concisas como "pórtate bien" o "sé bueno", la cuales no tienen el mismo significado para todas las personas. Resulta más adecuado hablar de forma más concreta y con cierta objetividad, pues los hijos nos entenderán mejor si educamos en las normas de una forma más específica, del tipo: "Habla bajito que duerme tu hermano", "agárrate de mi mano para cruzar la calle" o “cumple lo que te pida la abuela”.
4. Ante el establecimiento de una norma, debemos actuar con cierta firmeza, indicando así que su cumplimiento es importante, esto conlleva un tono de voz seguro pero sin gritos, y un gesto serio en el rostro aunque sin enfados ni exageraciones emocionales. Es importante señalar que la firmeza no implica autoritarismo, sino seguridad y consistencia en aquello que estamos educando.
5. Debemos enseñar a los niños a tomar decisiones por ellos mismos, por esta razón podemos ofrecerles alternativas a las que accedan con mayor gusto. Si les ordenamos qué deben hacer siempre, difícilmente aprenderán a tomar decisiones personalmente. Podremos pensar opciones o alternativas válidas para cumplir la norma, por ejemplo: “¿te ayudo yo a bañarte y así lo hacemos más rápido para que puedas seguir jugando después o prefieres esperar 5 minutos más o después te bañas solo? En realidad 5 minutos no suponen un cambio en la norma. Con la comida podríamos ofrecerle comerse todo y elegir el postre por ejemplo, o bien, comerse menos y merendar fruta ese día en vez de otra cosa, etc.
6. Resulta muy adecuado enfocar la conducta en positivo. Algunas represiones directas como el "no" le indican a un niño que es inaceptable su actuación, pero no explica qué comportamiento es el adecuado, por lo que muchas veces no le estamos indicando cómo queremos que se comporten. En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer ("Habla bajito") antes de lo que no debe hacer ("No grites"). En ocasiones puede que la conducta no sea inadecuada, sino que lo sea en esa situación, por ejemplo el niño que salta en el sofá podemos decirle: “Puedes saltar pero en el suelo” o “puedes saltar el sábado que te llevaré a las camas elásticas”. Los padres autoritarios tienden a dar más órdenes y a decir "no", mientras los más democráticos o respetuosos suelen cambiar las órdenes enfocándolas en positivo.
7. Ante un incumplimiento es importante no desaprobar al niño, sino su conducta. Debemos dejar claro que nuestra desaprobación está relacionada con su comportamiento y no va directamente hacia ellos. Nunca debemos mostrar rechazo hacia los niños. Antes de decir "eres malo" o “eres tonto”, deberíamos decir "eso está mal hecho" o “eso es una tontería” (desaprobación de la conducta).
8. Por último, debemos tener en cuenta nuestro comportamiento como adultos. Éste debe ser coherente con las normas en las que queremos educar, pues actuamos de modelo ante nuestros hijos. No es adecuado querer que nuestros hijos cumplan una norma y nosotros hacer lo contrario. En este sentido, también es importante controlar nuestras emociones. Cuando estamos muy enfadados y no controlamos esta emoción, nuestra actuación puede resultar desproporcionada y/o contraproducente en nuestra labor educativa hacia nuestros hijos. Los padres que están muy enfadados castigan más severamente a sus hijos y son más propensos a tener conductas verbales y/o físicamente abusivas con sus niños. No se puede enseñar con eficacia si somos extremamente emocionales. Ante un comportamiento inadecuado, lo mejor es pensar con calma, y después preguntar con tranquilidad, sin prejuicios ni anticipándonos a las explicaciones.
REACCIONES HABITUALES FRENTE A LAS NORMAS
Ante todo, debemos confiar en que el niño cumplirá con las norma sin necesidad de establecer castigos por su incumplimiento. De no ser así, podemos animar a su cumplimiento con frases del tipo: “veo que no te has bañado todavía, ¿Qué ha pasado? Yo espero que te bañes”. Si continúa en el incumplimiento, deberemos plantearnos la causa del mismo, pues puede que ésta sea razonable (no sale agua caliente, no puede desabrocharse la ropa, etc.). Si no lo es, entonces deberemos pensar qué está pasando, pues los niños normalmente intentan siempre agradar al adulto que le trata con comprensión y respeto. En este caso, pueden estar influyendo otros factores de tipo emocional o psicológico ajenos al proceso normativo (celos de un hermano, actitudes reactivas ante un estímulo desagradable para el niño (no quiere ir al colegio), cambios familiares (separaciones o nuevas estructuras), rechazos o miedos, emociones frustradas, incapacidad para expresar su enfado de otro modo, etc.) Deberemos estar atentos a estos elementos, pues la causa no está en la norma y forzarle a su cumplimiento no solucionará el problema inicial.
En ocasiones, los niños pueden oponerse a las normas mediante insultos, malas contestaciones, rabietas, pataletas, gritos… Algunos de estos comportamientos pueden ser aprendidos o imitados, en otros casos responden a una “explosión emocional” que no saben controlar adecuadamente. Emociones como la ira, la frustración, la angustia o el miedo que pueden aparecer ante el establecimiento de una norma, responden de forma contraria a sus intereses, pudiendo ocasionar una gestión inadecuada de sus impulsos y comportamientos, lo que les lleva a estas reacciones señaladas. Es importante comprender la situación de los niños y su incapacidad para controlar sus emociones y conductas, así como nuestra responsabilidad en que lo aprendan adecuadamente.
¿Qué hacer ante estas situaciones?
- No responder con insultos, gritos o malas contestaciones, pues les enseñaremos que ésta es una buena reacción ante situaciones adversas, en su lugar deberemos mostrarnos reflexivos y controlados.
- Intentar descubrir la causa de su comportamiento, preguntarle qué le ocurre, o por qué se comporta de esa manera.
- Expresar tranquilidad y reflejar la situación sin juzgarle
- Actuar con comprensión y empatía: “Entiendo que te enfades…”. De esta manera estaremos validando sus emociones, pero a la vez enseñándole el camino más correcto.
- Mostrar disponibilidad y ayuda para que aprenda a controlarse: “Cuando te tranquilices intentamos solucionarlo, yo quiero ayudarte” “Debes calmarte y hablamos”. Deben ver en nosotros una ayuda para aprender a gestionar sus emociones y conductas, no un enemigo en la batalla.
- Mostrarle cuál debe ser su conducta, para ello podemos ayudarle indicándole cómo se puede comportar, o darle opciones para que cumpla la norma previamente ya explicada.
- Actuar según los criterios indicados anteriormente.
Cristina Molinero Pérez.
Psicóloga.
Departamento de Orientación.
Colegio Santa Gema Galgani.


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