CÓMO DESARROLLAR EN LOS NIÑOS LA SEGURIDAD EN SÍ MISMOS
Durante los primeros años de vida en el ser humano, se conforman los esquemas cognitivos y creencias centrales en que serán determinantes para los pensamientos, conductas y emociones que se desarrollarán en el niño y en su vida adulta. Estos esquemas y creencias condicionarán la visión que él tenga de sí mismo, del mundo y del futuro, entre otras cosas. La seguridad y la autoestima dependen, en gran parte, de estas vivencias.
La confianza en nosotros mismos constituye una de las características básicas que debemos desarrollar si queremos sobrevivir de la mejor manera en el mundo que nos rodea. Creer en nosotros, en nuestros proyectos e ilusiones, nos mantiene vivos y llenos de felicidad. Por ello, es necesario educar este aspecto desde niños para que ellos mismos puedan desarrollar su propia personalidad y su capacidad de decidir según sus criterios y principios personales, minimizando las influencias y riesgos que derivan de las presiones sociales.
El sentimiento de seguridad es una necesidad primordial en los niños, ya que supone la base para construir la confianza en sí mismos. Constituye una base segura que les acompaña, les cuida, pero no les detiene ni les frena, sino que el niño desea y se anima a ir por más. Por supuesto que la supervisión de los padres es importante para asegurarse que los niños estén protegidos. Pero para ayudarles a que aprendan una nueva habilidad, es importante darles su espacio y su tiempo. Para ello brindemos a nuestros hijos la oportunidad de intentar algo nuevo, de equivocarse y de aprender de ello.
Desarrollar este tipo de seguridad comienza a una edad muy temprana. Cuando los bebés empiezan a caminar o a hablar, y sus padres motivan cada paso y halagan sus logros, comienzan a sentir: "¡Yo puedo hacerlo! Es así como los niños incrementan la confianza en sí mismos.
Los padres pueden ayudar a los niños no frenándolos ni inhibiendo situaciones nuevas, sino proponiéndoles nuevos desafíos, permitiendo naturalmente que cometan errores y brindándoles apoyo y ánimo para que sigan intentándolo en los casos en que no se logre lo esperado.
La confianza en sí mismo es esencial, de ella dependerá su aprendizaje, las buenas relaciones, la construcción saludable de su identidad y de su posición en el mundo.
MEJORAR LA CONFIANZA ¿QUÉ HACER?
1. Observar, mirar y escuchar a nuestro hijo. En primer lugar, debemos entender la importancia que tiene poder aprender a observar a nuestro hijo, conocerlo y entender su personalidad y sus conductas. Lo más importante es que los padres creamos en nuestros hijos y le demos confianza. Eso nos permitirá tener un marco de referencia para fomentar en el niño el desarrollo de su propio sentido común y buen juicio. Nada aporta más seguridad que poder ser capaz de pensar por uno mismo y resolver situaciones. La visión de los padres influye directamente en la autoestima de los niños. De ahí, la importancia de creer en tu hijo y demostrarle que es un ser valioso y amado por su familia. Mirarlo y escucharlo con atención cuando habla de lo que desea, de lo que le pasó en el día, de sus intereses y actividades
2. Felicitar y reforzar. A todos nos gusta que nos feliciten ante el trabajo bien hecho, esto nos hace sentir mejor y más seguros ante nuevas situaciones similares. El refuerzo, por definición, aumenta la probabilidad de que la conducta reforzada se repita. Además mejora la sensación de autocompetencia personal y la autoestima. Por ello, es importante aprender a felicitar y reforzar a los niños en sus intentos y en sus logros.
3. Educar en las normas. Las normas son fundamentales en la educación y en el desarrollo de la personalidad, debido a que proporcionan seguridad y protección a los niños, les ayudan a regular y controlar las emociones y la conducta, les enseñan modos de comportamiento adecuados, crean referentes y valores sobre lo que es y es no apropiado.
4. Enseñarles a manejar la frustración. Enseñarles a los niños a desarrollar su tolerancia a la frustración, a aceptar los errores como parte del proceso y no como fracasos y explicarles que cometer errores es algo normal en los seres humanos.
5. Metas alcanzables. Enseñarles a ponerse metas posibles y alcanzables. El perfeccionismo y la exigencia de los padres también son proyectados hacia los niños, quienes se angustian cuando la expectativa puesta en ellos es más de lo que ellos pueden dar. El objetivo no debe ser buscar la perfección sino el ir por más, el mejorar día a día, el superarse valorando más el esfuerzo que el resultado.
6. Reconocer sus emociones. Ayudarles a poder reconocer y expresar sus emociones de tristeza, ira, vergüenza, culpabilidad, celos, miedo o alegría resulta imprescindible para un adecuado desarrollo personal. Por ello, podemos poner nombre a sus emociones y enseñarles a encauzarlas adecuadamente a través de sus manifestaciones y comportamientos.
7. Enseñarles a tomar decisiones. Las personas seguras toman decisiones de forma segura, y para ello hay que entrenarse. Enseñar a los niños a tomar decisiones desde pequeños y alentarlos a probar nuevas cosas fomentará su seguridad e independencia, porque aprenderá que elegir algo implica renunciar a otra cosa y a correr algún riesgo, y sabrá cómo afrontarlo.
8. Dedicarles tiempo. Los niños necesitan tiempo, no sólo de calidad, sino también en cantidad. Por ello, es imprescindible generar tiempo y espacios compartidos: tiempo dedicado al juego, a la comunicación, a salidas familiares, a pasar tiempo con él y compartir experiencias disfrutando de actividades juntos.
9. Reírse con el niño. La risa es un elemento esencial en nuestra vida. Por ello, es muy aconsejable reírnos con nuestro hijo, no debemos nunca escatimar en ello. Esto significa compartir la risa con él, nunca reírnos de él. Debemos tener mucho cuidado con la ironía y el sarcasmo, ya que son conductas de comunicación agresivas, aunque muchas veces no lo parezcan.
10. Proporcionar espacios y gestos de amor en la vida cotidiana. Es imprescindible un ambiente familiar construido con amor, donde haya atenciones y cuidados hacia los miembros y una sana convivencia. Para ello es fundamental el modelo que se practica en la familia.
LO QUE DEBEMOS EVITAR
Expresar emociones negativas acerca del hijo en presencia de otras personas. Insultar o ridiculizar.
Hacer comentarios que desacrediten o dañen la imagen del hijo.
Hacer comparaciones con otras personas en perjuicio del hijo.
Dárselo “todo hecho”, sin opción a que decida, ya que el esfuerzo, si es moderado, aumenta la percepción personal del éxito.
El castigo en términos generales no contribuye a mejorar la autoestima ni la seguridad en uno mismo sino más bien tiende a perjudicarla.
Decir cosas como “No te quiero” o “Ojala no estuvieras”. Estas son frases dolorosas, quedan grabadas en la memoria y menoscaban la autoestima.
Como conclusión, podemos resumir las orientaciones indicadas haciendo hincapié en la educación con respeto hacia los niños como personas independientes, que tengan responsabilidades propias de su edad, que puedan y se les deje decidir y tengan oportunidades de relacionarse con otros niños de forma autónoma e independiente y no siempre bajo la guía de sus padres. Por supuesto, no podemos olvidar lo más importante: un ambiente familiar construido con amor y paciencia. No olvidemos que lo más importante es lo que el niño observa y vive de la mano de sus padres.
Cristina Molinero Pérez
Departamento de Orientación
Colegio Santa Gema Galgani