13 enero 2011

El control de Esfínteres


EL CONTROL DE ESFÍNTERES

1. ¿Qué es?

2. ¿Cuándo comenzar?

3. ¿Cómo saber si está preparado?

4. ¿Cuánto tarda?

5. Pautas a seguir.

6. Lo que debemos evitar.

7. Aspectos a tener en cuenta.





1. ¿Qué es?


La adquisición del control esfínter vesical (orina) y anal es un progreso más que dan los niños/as en su desarrollo cuando están preparados para ello. La edad de inicio de control de esfínteres de varía de un niño a otro, pero en términos generales se establece alrededor de los 2 años, en efecto esto depende del grado de madurez y desarrollo de músculos y nervios que hacen posible el control voluntario de los esfínteres así como de la estimulación, actitud y convencimiento de los padres, el medio ambiente que le rodea y las presiones a su alrededor.
Al seguir cada niño un ritmo madurativo diferente, evitaremos realizar comparaciones, pues a partir de los 20 meses y con un rango muy amplio hasta los 3 años y medio, un bebé sano puede aprender a controlar esfínteres tanto de día como de noche con bastante éxito.



2. ¿Cuándo comenzar?

Ante todo, cuando el niño/a esté preparado/a. No obstante en algún momento, después de los veinte meses, se puede comenzar a familiarizar al niño con el orinal ubicándolo en el baño y sentándole ocasionalmente (incluso con ropa) y dejando que experimente, siente a los muñecos, contándole cuentos de niños/as que van al baño, pero siempre sin forzarle.
Después de esta familiarización, se le puede invitar a sentarse sin el pañal en situaciones cotidianas, como antes del baño o de acostarse.
Cumplidos los dos años, se podrá iniciar una rutina con el niño. Por ejemplo, reemplazando el pañal por su ropa interior durante un par de horas al día.
Por otra parte, la llegada del buen tiempo y los períodos vacacionales pueden facilitar este proceso, pero sólo cuando el niño esté preparado para abandonar el pañal.



3. ¿Cómo saber si está preparado?

Para que el niño/a adquiera el control de forma adecuada debe comprender el proceso. El niño/a irá atravesando unas serie de etapas que le irán preparando para comenzar el proceso. Cada una de ellas es evolutiva y lleva un tiempo variable:
• Primera etapa, el niño se da cuenta de que ha mojado o manchado el pañal después de que lo ha hecho. Aquí los padres pueden ayudarlo e identificar lo que ha hecho “Pipí” cuando ha orinado o “Caca” cuando ha defecado, así el niño aprende a nombrar.
• Segunda etapa, el niño da señales de que se da cuenta que se está mojando o haciendo “caca” en el pañal en el mismo momento en que sucede. En esta etapa no suele dar tiempo a ir al baño, por lo que no le lleven corriendo ni lo desnuden rápidamente. Estén tranquilos, den confianza al niño y cámbienlo como en la primera etapa.
• Tercera etapa, el niño se da cuenta cuando su cuerpo le indica que necesita ir al baño, por lo que comunica su deseo dando tiempo de ir al baño.

Los niños necesitan pasar de la etapa 2 a la 3 antes de que los padres comiencen a intentar enseñarles las habilidades necesarias para que vayan al baño por sí solos.

Le quitaremos el pañal cuando:

 Inicie voluntariamente la micción: haga “pis” todos los días en el orinal, durante dos semanas.
 Retenga la orina: tenga el pañal seco en los cambios de pañal.
 Manifieste que quiere hacer “pis” (con palabras o señales).
 Se sienta molesto/a por encontrarse mojado/a.



4. ¿Cuánto tarda?

Aproximadamente un niño/a necesita de tres a cuatro semanas para completar el proceso de control diurno y decirle adiós a los "accidentes" que pueden volver a ocurrir si ingiere demasiadas bebidas gaseosas o está demasiado entretenido jugando y olvida ir al baño.
En general el pañal nocturno se sigue usando hasta que el niño/a puede retener más horas.
En cuanto el pañal se mantiene seco a la mañana siguiente con frecuencia, se está en condiciones de retirarlo. Lo mismo haremos con la siesta. Suele haber una diferencia de 4 ó 5 meses entre el control diurno y nocturno.
Los escapes o “accidentes” son normales y hay que recibir las ropas y camas mojadas con una actitud tranquila, evitando los regaños o descalificativos que sólo afecten su autoestima, por ejemplo: "qué cochino eres, ya ensuciaste tu cama otra vez".



5. Pautas a seguir.

El apoyo y la confianza son demostraciones con las que los padres pueden ayudar a sus hijos a superar esta difícil situación, siguiendo pautas como las siguientes:
• Familiarizar al niño con el proceso, de forma que comprenda lo que le está ocurriendo y lo que se espera de él.
• Que el niño vea como lo hacen los adultos y los demás niños; las actividades en grupo que se desarrollan en el colegio favorecen notablemente esta adquisición.
• En caso de no existir un horario regular, estar atentos a las posibles señales o movimientos que realice el niño/a antes de orinar o defecar.
• Mantener el orinal en el lugar preestablecido (preferentemente en el cuarto de baño).
• Ofrecerle el orinal en horarios regulares y mantener al niño/a sentado durante períodos no superiores a 5 minutos.
• Elogiar y reforzarle cuando se siente él en el orinal.
• Según el niño vaya mostrando interés, permítale vestirse y desnudarse por sí mismo, reforzando así su autonomía. Ponerle ropa cómoda y fácil de quitar (evitar petos).
• Alabarle cuando haga “pis” o “caca” con expresiones como: “Qué bien lo hiciste”.
• Tranquilizarle cuando no hace: “Mañana saldrá”.




6. Lo que debemos evitar.

Durante este proceso, existen algunos aspectos que conviene evitar con el niño/a. Por ello, debemos:

• No tener prisa
• No reñirle, gritarle o ridiculizarle cuando haya escapes
• No preocuparnos.
• No obligarle o forzarle a sentarse.
• No sentarle durante tiempos prolongados de más de 5 minutos.
• No despertarle a media noche para llevarle al baño.
• No evitar darle líquidos la noche anterior.
• No hacer coincidir este proceso con otros cambios en su vida (nacimiento de un hermanito, cambio de colegio, situación familiar difícil, etc.)




7. Aspectos a tener en cuenta

Lo más importante a tener en cuenta es que el control de esfínteres es un proceso que se adquiere, no se aprende. Por lo tanto no hay nada que el niño/a pueda hacer para controlar, pues depende de su madurez y desarrollo neurológico. Por ello es un proceso lento que requiere una buena dosis de paciencia, observación y persistencia por parte de la familia y en el que la naturalidad y actitud positiva son cruciales para una óptima adquisición.


Cristina Molinero Pérez.
Psicóloga.
Departamento de Orientación.
Colegio Santa Gema Galgani.

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